viernes, 6 de abril de 2012

Música, tribus urbanas y política



La música popular moderna, rock o pop, tiene su origen en los USA de los años 50 del siglo pasado. Gracias a la bonanza económica de la posguerra, por primera vez en la historia los jóvenes disponían de tiempo libre y tenían dinero para poder gastar alegremente, y así, de una manera espontánea crearon una subcultura alternativa a la de sus padres.

Una generación de jóvenes se pasó a identificar con un tipo de música concreta, vestimenta, actitud, etc…, creando la primera tribu urbana de la historia: los rockers. A éstos les siguieron un sinfín de tribus que perduran hasta nuestros días (mods, hippies, rastafaris, skinheads, heavies, punks, indies, góticos, emos, etc…), incluso llegando a existir dentro de una misma tribu diferentes clasificaciones que rozarían lo absurdo.

Esta expresión de rebeldía juvenil no tenía mayor transcendencia que la de pasárselo bien sin más, rompiendo de una manera un tanto infantil con el mundo de los adultos. Por lo tanto, en este esquema no tenía cabida la ideología política, ya que era un elemento ajeno que provenía del mundo de los adultos.

Los elementos políticos llegan a las tribus urbanas de una forma bastante inocente, ya que lo único que buscan es la simple provocación. Los primeros en utilizar símbolos “nazis” fueron los skaters de California de mediados de los 60, a los que les dio por ponerse los uniformes y las condecoraciones alemanas que sus padres habían cogido de recuerdo en la II Guerra Mundial, de los skaters pasó a los surfers, y de éstos a los motoristas, quedándose así, por ejemplo, la cruz de hierro alemana como un elemento más de la cultura Custom americana. No hubo ninguna repercusión política en esa actitud, como mucho, algún grupo de motoristas se identificaron con esa estética “nazi” para labrar su imagen como malditos y rechazados de la sociedad, pero nada más.

Donde realmente se produce una intrusión real de la política en la escena juvenil es a finales de los 60 y principios de los 70, con el movimiento hippie. Por un lado, desde los USA se crea una nueva corriente ideológica, que basándose fundamentalmente en la oposición a la intervención americana en la guerra de Vietnam, aúna a diferentes opciones políticas: Movimientos por los Derechos Civiles de los Afroamericanos; Pacifistas; Ecologistas; Feministas; Homosexuales; Partidarios de la Revolución Sexual y del Amor Libre; Partidarios del Uso Normalizado de las Drogas (Marihuana, LSD y otros alucinógenos principalmente)…

Toda esta amalgama política proveniente de los USA se junta con el viejo y rancio marxismo que todavía perdura en la vieja Europa, sobre todo en los jóvenes descontentos que ven en el trotskismo y en el maoísmo, gracias a una visión simplista y “buenista”, la solución ideal a todos los males de la sociedad burguesa de su tiempo.

Y todo esto da lugar a una explosión juvenil y revolucionaria, que es el celebre y mitificado Mayo del 68 francés, en el que se produce esta mezcla de ideologías ajenas y contrapuestas, siendo en el mayor de los casos contrarias al marxismo original, y dando como resultado final el neo-marxismo o la nueva izquierda, o como lo queramos llamar.

A finales de los 70, y como contrapunto a los hippies, surge la cultura punk, la cual vuelve a recoger la idea de la simple provocación como bandera, volviendo así a la idea primigenia del rock.

Tanto los punks, como la segunda generación de los skinheads, empiezan a utilizar símbolos “nazis” o anarquistas, tan sólo por pura provocación. Los grupos políticos marginales ven en estos jóvenes un filón para sus intereses, así que multitud de skins y de punks pasan a ingresar las filas de grupos nacionalistas de carácter xenófobo. A su vez, y por reacción, otros tantos pasan a engrosar las filas de grupos de extrema izquierda, ya sean anarquistas o comunistas, pero siempre utilizando el lema de anti-fascista o anti-racista para ocultar su más que evidente totalitarismo.

Y de esta forma tenemos a dos grupos que en su origen fueron apolíticos, pero que se fueron radicalizando hasta convertirse en grupos fuertemente politizados, y que en la actualidad son de las tribus urbanas con mayor presencia. Otra tribu fuertemente politizada, y que también está presente en nuestros días, son los okupas. Éstos son un claro producto de la extrema izquierda, y son una mezcla bizarra entre hippies, punks, rastafaris y skins, que ha dado lugar a lo que popularmente se denomina como “perroflautas”.

Pues bien, después de esta introducción al mundo de las tribus urbanas, y tras la experiencia que dan los años, ya que en mi adolescencia pertenecí a una tribu urbana, pero apolítica afortunadamente. He de reconocer que toda la supuesta rebeldía frente a todo lo convencional no es más que un gran fiasco, es un subproducto más del propio sistema, ya se esté inmerso en una dialéctica política o no. Y por lo tanto, las tribus urbanas no son más que otra forma de esclavitud del actual sistema capitalista, que nos presenta una falsa liberación, eso sí, siempre lista para consumir.

¡No parar hasta conquistar! ¡Arriba España!











miércoles, 23 de noviembre de 2011

José Antonio 75 Aniversario, 20-N en Alicante


Esperando en las puertas del Cementerio

Homenaje a José Antonio

Miguel Hernández
Conferencia en el Hotel Leuka
De izq. a der.: Enrique Antigüedad, José Ramón Alonso, Norberto Pico


El pasado sábado día 20, los miembros de la A.C. Cernuda y Velasco nos desplazamos hasta tierras alicantinas para conmemorar el 75 aniversario del asesinato de José Antonio Primo de Rivera.
Tras desplazarnos en tren hasta la capital valenciana, y ya en compañía de algunos camaradas de FE-JONS (Valencia), nos dirigimos en vehículos particulares hacia Alicante, el trayecto se hizo bastante ameno, reinando en todo momento la buena camaradería.
Nada más llegar a la ciudad de Alicante, nos dirigimos al Cementerio Municipal “Ntra. Sra. Del Remedio”, en el cual se encuentra la fosa común en que fue arrojado el cadáver de José Antonio, junto al de cuatro personas más, dos falangistas y dos tradicionalistas, fusilados junto a él.

El acto organizado por la jefatura provincial de Alicante, estuvo presidido por D. Norberto Pico, Jefe Nacional de FE-JONS, tras realizar la oración por los caídos de La Falange, todos los asistentes oramos por el alma de José Antonio, tras lo cual se pasó a depositar en la fosa un ramo con las tradicionales cinco rosas, y a cantar el Cara al Sol.

Al salir del cementerio, algunos camaradas, depositaron un ramo con cinco claveles en la tumba de Miguel Hernández, demostrando un vez más, que los falangistas luchamos por amor y no por odio.

Posteriormente, acudimos al Hotel Leuka, en el centro de la ciudad, donde fuimos invitados a asistir a una reunión de la jefatura provincial de Alicante. Una vez concluida, a las 20 h., en ese mismo salón tuvo lugar la conferencia:” José Antonio Primo de Rivera, un político para el s. XXI”, a cargo de D. José Ramón Alonso Sarró (Profesor de Filosofía), D. Enrique Antigüedad (Secretario General de Falange Auténtica) y D. Norberto Pico (Jefe Nacional de FE-JONS).

En tres brillantes intervenciones, expusieron de forma rotunda y clarividente el pensamiento de José Antonio, su evolución ideológica, sus sólidos principios morales fundamentados en el humanismo cristiano, su originalidad, y su total vigencia en nuestros días, ya que era un hombre adelantado a su tiempo.

Al finalizar la conferencia, el señor D. José Ramón Alonso, explicó como él, cambiando simplemente el nombre de los términos, había podido realizar una serie de reformas en la Dehesa de Salamanca inspiradas en la Reforma Agraria que propugnaba La Falange. Algunas de las ideas propuestas por José Antonio y Onésimo Redondo, fueron aprobadas por el Senado y la UE, sin que éstos supieran de dónde venían realmente dichas propuestas.

Creo sinceramente, que esto nos demuestra el camino que hemos de seguir todos los que nos llamamos falangistas, hemos de adaptarnos a los tiempos, modificando el envase, pero nunca el contenido.
¡No parar hasta conquistar! ¡Arriba España!

José Antonio: 75 años después

Por Ángel David Martín Rubio.
El 20 de noviembre de 2011 se cumple el setenta y cinco aniversario del asesinato en Alicante de José Antonio Primo de Rivera, un hombre que —en medio de una de las persecuciones religiosas más sangrientas de la historia— tuvo la gallardía de pedir en su testamentoser enterrado conforme al rito de la religión Católica, Apostólica, Romana, que profeso, en tierra bendita y bajo el amparo de la Santa Cruz”.
Apenas tres años antes, el 29 de Octubre de 1933, José Antonio había pronunciado en el madrileño Teatro de la Comedia un discurso que ha tenido una trascendencia comparable a la de pocas piezas oratorias. En aquella España de los problemas, del eco del estéril noventa y ocho y de los complejos ante Europa, un joven creyente, fiel cumplidor de sus deberes religiosos y definido por la nobleza de su carácter, profesionalidad, elegancia en el trato, lealtad, optimismo y espíritu de servicio, iba a levantar una bandera capaz de entusiasmar a muchos de sus compatriotas.
El fundador de la Falange apostó por devolver a la política su dimensión moral, capaz de poner en pie a un pueblo y de movilizar su capacidad de servicio, decisión y sacrificio. Por ese impulso moral, a la voz del Capitán, miles de jóvenes se iban a movilizar en los frentes de combate y otros muchos hombres y mujeres serían asesinados en la retaguardia frentepopulista cuando ya tenían el “cara al sol” para, en expresión de José Antonio, “hacer más alegre nuestra muerte”. Él mismo, caería bajo las balas de un pelotón de fusilamiento, tras la condena de un Tribunal Popular que formaba parte de la maquinaria de terror puesta en marcha por el Gobierno del Frente Popular.
La saña de un lado…
Signo trágico, el de la muerte en acto de servicio, inseparable de la joven organización porque desde pocos días después del Acto fundacional, la izquierda no había dudado en movilizar a sus pistoleros para intentar exterminar a la naciente Falange y persiguió a su fundador desde los albores de su carrera política.
Casi siempre, hablar de la violencia en relación con la Falange de los años de la República y la Guerra Civil se reduce a glosar airadamente la desvirtuada frase de José Antonio acerca de la “dialéctica de los puños y las pistolas”:
“Y queremos, por último, que si esto ha de lograrse en algún caso por la violencia, no nos detengamos ante la violencia. Porque, ¿quién ha dicho —al hablar de “todo menos la violencia”— que la suprema jerarquía de los valores morales reside en la amabilidad? ¿Quién ha dicho que cuando insultan nuestros sentimientos, antes que reaccionar como hombres, estamos obligados a ser amables? Bien está, sí, la dialéctica como primer instrumento de comunicación. Pero no hay más dialéctica admisible que la dialéctica de los puños y de las pistolas cuando se ofende a la justicia o a la Patria”.
De entrada, la frase en su justo sentido debería compartirla todo hombre de bien. Ante todo por ser muy alta la jerarquía de los valores atacados violentamente y que, por ello, han de ser defendidos con no menor contundencia: la unidad de destino de los pueblos de España, la libertad profunda del hombre, el trabajo como medio para una vida humana justa y digna y el espíritu religioso, clave de los mejores arcos de nuestra historia. Pero también por el contexto en que fueron pronunciadas.
Interesadamente se olvida que no es posible comprender la dinámica de violencia en que desembocó la Segunda República y el papel que en ella desempeñaron los falangistas, cuando se ignora que este Movimiento perdió en sus primeros meses de existencia a decenas de sus miembros y simpatizantes, asesinados con el intento deliberado de frenar el crecimiento de la organización. Como denunció el propio José Antonio en el Parlamento el 1 de febrero de 1934:
“Frente a esas imputaciones de violencias vagas, de hordas fascistas y de nuestros asesinatos y de nuestros pistoleros, yo invito al señor Hernández Zancajo a que cuente un solo caso, con sus nombres y apellidos. Mientras yo, en cambio, le digo a la Cámara que a nosotros nos han asesinado un hombre en Daimiel, otro en Zalamea, otro en Villanueva de la Reina y otro en Madrid, y está muy reciente el del desdichado capataz de venta del periódico F.E.; y todos éstos tenían sus nombres y apellidos, y de todos éstos se sabe que han sido muertos por pistoleros que pertenecían a la Juventud Socialista o recibían muy de cerca sus inspiraciones. Estos datos son ciertos”.
Y poco antes de caer asesinado Matías Montero, el 1 de febrero de 1934, ya afirmaba con clarividencia frente a los que pedían venganza:
“Una represalia puede ser lo que desencadene en un momento dado, sobre todo un pueblo, una serie inacabable de represalias y contragolpes. Antes de lanzar así sobre un pueblo el estado de guerra civil, deben los que tienen la responsabilidad del mando, medir hasta donde se puede sufrir y desde cuando empieza a tener la cólera todas las excusas”.
A Matías Montero lo mató el PSOE, más concretamente un militante de las Juventudes Socialistas, cuando venía de distribuir el periódico FE en la Puerta del Sol. El asesinato fue en 1934, faltaban dos años para la Guerra Civil pero apenas unos meses para que socialistas y nacionalistas se sublevaran contra la República en Octubre. Entre sus ropas encontraron un artículo que había escrito para la misma revista FE: “Las flechas de Isabel y Fernando”, en ese escrito se comprueba lo que poco después definiría Sánchez Mazas en su Oración por los Caídos de la Falange:
“Víctimas del odio, los nuestros no cayeron por odio, sino por amor, y el último secreto de sus corazones era la alegría con que fueron a dar sus vidas por la Patria.
Ni ellos ni nosotros hemos conseguido jamás entristecernos de rencor ni odiar al enemigo, y tú sabes, Señor, que todos estos caídos mueren para libertar con su sacrificio generoso a los mismos que les asesinaron, para cimentar con su sangre joven las primeras piedras en la reedificación de una Patria libre, fuerte y entera”.

Y la antipatía del otro
La vocación política de José Antonio fue respuesta al reto planteado por el socialismo marxista en lo que tiene de concepción anticristiana, interpretación materialista de la vida y de la historia, proclamación del dogma de la lucha de clases, desprecio de la religión, negación de la Patria y olvido de todo vínculo de hermandad entre los hombres. Afirmaciones que adquieren todo su valor cuando se constata que van precedidas del reconocimiento de la legitimidad del nacimiento del socialismo como defensa oportuna frente al Estado liberal
De ahí, la antipatía del otro lado. Porque la misma voz, en polémica con las derechas, pudo desenmascarar “un bolcheviquismo de espantoso refinamiento: el bolcheviquismo de los privilegiados” o describir irónicamente la insuperable paradoja liberal: Procure usted ser millonario
“Lector: si vive usted en un Estado liberal procure ser millonario, y guapo, y listo y fuerte. Entonces, sí, lanzados todos a la libre concurrencia, la vida es suya. Tendrá usted rotativa en que ejercitar la libertad de pensamiento, automóviles en que poner en práctica su libertad de locomoción…; cuanto usted quiera. ¡Pero ay de los millones y millones de seres mal dotados! Para esos, el Estado liberal es feroz. De todos ellos hará carne de batalla en la implacable pugna económica. Para ellos –sujetos de los derechos más sonoros y más irrealizables– serán el hambre y la miseria”.
En un artículo vetado por la censura republicana, habló de “victoria sin alas” para referirse a la del 19 de noviembre de 1933, cuando las elecciones dieron paso a una sucesión de gobiernos en los que la derechista CEDA apoyaría en el parlamento al Partido Radical. Y el presagio no resultó errado: con una timorata presencia en el banco azul, Gil Robles eligió un camino que significaba el suicidio y la definitiva bancarrota de su partido, arrastrando en su fracaso las banderas que no había sabido defender durante el bienio estúpido: “Ni reforma agraria, ni transformación económica, ni remedio al paro obrero, ni aliento nacional en la política. Chapuzas para remediar algún estrago del bienio anterior y pereza. Pereza mortal para dejar que los problemas se corrompan a fuerza de días, hasta que llegue otro problema y los quite de delante”.
No hubo brecha de serena atención
En su testamento, José Antonio esperaba que “todos perciban el dolor de que se haya vertido tanta sangre por no habérsenos abierto una brecha de serena atención entre la saña de un lado y la antipatía de otro”. No hubo lugar para tal brecha en 1936: ocupado el poder por el Frente Popular, se inicia desde el Gobierno un proceso de desarticulación de la oposición que comienza por la Falange, derrotada en las elecciones pero reforzada con la incorporación de elementos procedentes de otros partidos desprestigiados en la experiencia del bienio radical-cedista.
José Antonio terminó adhiriendo la Falange al Alzamiento militar y en coalición que se preparaba, para salvar España de un proceso comunistizante. Y si durante su prisión perdió el contacto con la realidad que acaecía, y durante el juicio procuró salvar la vida de sus familiares y la suya empleando todo tipo de ardides, en su testamento desmintió formal y solemnemente estas reticencias y acusaciones. En el mismo proceso había dejado constancia de su disposición favorable al alzamiento, incluso si no era falangista, por necesario y nacional” (Luis María Sandoval, José Antonio visto a derechas, Madrid: Actas Editorial, 1998, p. 139).
Frecuentemente se ha tratado de contraponer a José Antonio con el Estado nacido el 18 de Julio. Aunque en el Nuevo Estado no faltaron incoherencias con sus postulados teóricos, también hay que reconocer la falta de madurez del pensamiento político y económico falangista que había sido demoledor en el terreno de la crítica al socialismo y al liberalismo pero no había terminado de articular un modelo de Estado: ¿Quién desempeña la suprema magistratura? ¿Qué formas concretas reviste la centralización y la autonomía regional? ¿Separación o unidad de poderes? ¿Consejos o Cortes? ¿Partido único? ¿Sufragio universal o censitario? ¿Cómo se articula la representación orgánica? ¿Cuál es la forma jurídica de los Sindicatos nacionales?
Cuando todavía hoy se discute en medios falangistas acerca de la respuesta a cada una de estas cuestiones, parece que no es posible exigir mayor precisión a aquellos hombres que estaban articulando y definiendo un Estado en circunstancias humanas y materiales muchísimo más difíciles. Y que lo hacían con una clara voluntad de sumar fuerzas, dando como resultado una necesaria heterogeneidad apenas incapaz, a veces, de poner sordina a las contradicciones. No olvidemos tampoco que, en la nueva situación nacida de la guerra, encontraron acomodo muchos de los que se habían caracterizado por su antipatía hacia la Falange en vida de José Antonio.
En todo caso, las ideas vertebradoras del nacionalsindicalismo se plasmaron en numerosas realidades prácticas que permiten atribuir a la obra de los falangistas integrados en la España de Franco realizaciones tan trascendentales como el cambio social, la promoción político-social de la mujer, la formación de la juventud y la Organización Sindical. Por supuesto que esta afirmación no supone negar las deficiencias y los desequilibrios, menos aún pretende que el nacionalsindicalismo tuviera en la arquitectura del Nuevo Estado una hegemonía que en ningún momento alcanzó, ni oculta las diferencias entre las realizaciones y algunos de las propuestas teóricas de José Antonio o de Ramiro Ledesma. Esta afirmación se deduce del sano realismo que supone comparar la España en cuya edificación intervino activamente la Falange, con la España anterior e incluso con la de nuestros días.
Esta afirmación tampoco impide constatar que, a finales de los años cincuenta, la Falange quedó definitivamente descartada como solución de futuro para el régimen, precisamente cuando adquiría madurez para la actividad política la primera generación falangista de posguerra compuesta por hombres formados en el SEU, el Frente de Juventudes y la Guardia de Franco. En palabras del falangista Girón de Velasco, son los momentos en que se produce “la sustitución de la influencia del cardenal Herrera por monseñor Escrivá de Balaguer“. (Si la memoria no me falla, Barcelona: Planeta, 1994, p. 201).
Soplaban nuevos vientos, y el Gobierno español hace suya la idea de que en la situación del momento la problemática política (es decir, las ideas) tiene que ceder ante la problemática técnica. Se abre así un período en el que se aprueba la Ley de Principios del Movimiento Nacional y la Ley Orgánica del Estado y se introducen, sin apenas discrepancias notables, las exigencias de libertad religiosa del Concilio Vaticano II, “tan opuesto a la significación originaria del Alzamiento y Régimen español como a la tradicional doctrina de la propia Iglesia católica”, en expresión de Rafael Gambra (Tradición o mimetismo, Madrid: IEP, 1976, 89).
Las dificultades exteriores y, sobre todo, el deterioro del espíritu religioso y patriótico en el interior, coinciden con una evolución hacia la democracia liberal y el socialismo entonces vigentes y una progresiva europeización bajo el pretexto del desarrollo económico. El Movimiento quedó reducido a funciones burocráticas y de movilización de masas. Incluso, en sus últimos años, su dirección recayó en políticos hábiles, dispuestos a aprovechar para la demolición del Estado de las Leyes Fundamentales la capacidad instrumental de dicho organismo así como su potencial de encuadramiento y de influencia.
Por culpas ajenas y propias, la Falange entró en la llamada Transición política sin haber encontrado espacio para la brecha de serena atención. Y en esa situación seguimos.
Poesía que promete
Victoria sin alas”, así calificó José Antonio el triunfo electoral de las derechas en noviembre de 1933. Aquellas palabras adquieren especial resonancia en la coyuntura en que nos movemos durante estos días, cuando todo hace pensar que no hay nadie dispuesto a hacer frente a una situación en la que está en peligro la propia supervivencia de España y de su personalidad forjada a lo largo de la historia.
Porque hay algunos que frente a la marcha de la revolución creen que para aunar voluntades conviene ofrecer las soluciones más tibias; creen que se debe ocultar en la propaganda todo lo que pueda despertar una emoción o señalar una actitud enérgica y extrema. ¡Qué equivocación! A los pueblos no los han movido nunca más que los poetas, y ¡ay del que no sepa levantar, frente a la poesía que destruye, la poesía que promete!”.
Cuando España se debate entre una absurda pasión política y la más extrema desilusión, José Antonio ayuda con el magisterio de su propia existencia a redescubrir la capacidad de vivir al servicio de una empresa que merece la pena; llenando de sentido cada una de sus horas y minutos, desempeñando una tarea con humildad, desprendimiento y discreción. Ni conformistas, ni indignados: el fundador de la Falange nos enseña a instalarnos en una vocación de servicio y sacrificio porque nuestra época no deja espacio a la soberbia solitaria de los utópicos ni a la pereza, disfrazada de idealismo, de aquellos que se ufanan en llamarse rebeldes.
Con José Antonio es posible un sano patriotismo que resulta urgente recuperar del auténtico basurero al que lo han arrojado las izquierdas y las derechas. Las primeras renegando de la tradición histórica, del constitutivo esencial de España que no es otro que “la interpretación católica de la vida”; las derechas haciendo precisamente de estos valores gallardete para encubrir la defensa de sus privilegios y arrojándolos por la borda cuando les han parecido un lastre pesado. Y ambas, derechas e izquierdas, cediendo terreno al chantaje de los nacionalismos parasitarios.
De esa manera, la Patria se descubre como solar del hombre que es “portador de valores eternos”, dotado de cuerpo y alma en unidad sustancial, capaz de condenarse o de salvarse, con vocación de eternidad, concepto que rescata el verdadero significado de la dignidad humana y que llena de sentido una política permanente de elevación material de la vida humana.
Para José Antonio ―como escribió José Luis López Aranguren en 1945― “la suprema libertad, cumplida en la vocación, y la suprema perfección, cumplida en la Obra acabada, se logran siempre a través de la resistencia, de lucha y, entre todas las luchas, la más alta, la lucha contra el dolor, que consiste en el sacrificio, en el heroísmo, en “dar ―como dijo José Antonio― la existencia por la esencia”, y la vida natural por la vida angélica” (La Filosofía de Eugenio d´Ors, Madrid: Ediciones y Publicaciones Españolas, S. A, 1945, p. 148).
Y es que parecen escritas para él, las palabras que él mismo pronunció ante los despojos de un mártir, y que siguen dando testimonio de la gran esperanza, la única esperanza posible en este 20 de noviembre de victorias sin alas:
Que Dios te dé su eterno descanso y a nosotros nos niegue el descanso hasta que sepamos ganar para España la cosecha que siembra tu muerte”.

lunes, 31 de octubre de 2011

Ramiro Ledesma Ramos: "No me mataréis como a un cordero, sólo moriré donde yo quiero".

 
Ramiro Ledesma Ramos
1905-1936
Ramiro Ledesma Ramos«Ramiro Ledesma Ramos (1905-1936) Político y Escritor. Fundador de las Juntas Ofensivas Nacional Sindicalistas (JONS), uno de los teóricos que más han influido en la concepción del Movimiento Nacional iniciado en 1936, Ramiro Ledesma Ramos nació en Alfaraz (Zamora) el 23 de mayo de 1905 y murió fusilado por los republicanos en Aravaca (Madrid) el 29 de octubre de 1936. Estudió las Carreras de Filosofía y Letras y Ciencias Físicas y Matemáticas, licenciándose en ambas por la Universidad de Madrid. Aventajado discípulo de Ortega y Gasset, profundizó en el estudio del filósofo Martín Heidegger y colaboró, desde muy joven, en «La Gaceta Literaria» y la «Revista de Occidente». Por entonces escribió, también, su única novela, El sello de la muerte. Ramiro Ledesma tenía veinticinco años al ocupar la dirección de la revista «La Conquista del Estado» (14 de marzo de 1931), coincidiendo este momento con su irrupción en la política activa. Entrada verdaderamente extraña para quienes le conocían antes, para quienes habían asistido a su primera juventud de estudioso de la Filosofía y las Matemáticas, reflejada en sus trabajos de la «Revista de Occidente», pero que él justificará luego señalando que: «Toda novedad auténtica está condenada por radical designio, a no ser comprendida. Es el caso de las juventudes cuando acometen la creación de nuevos estilos de vitalidad.» El periódico, en el que colaboraban principalmente Giménez Caballero, Juan Aparicio, Souto Vilas, Emiliano Aguado, Bermúdez Cañete estaba vinculado a dos consignas fundamentales: nacionalismo profundo y revolución de carácter económico-sindical. Al poco tiempo de salir, su director es encarcelado como consecuencia de los intentos de protesta por el viaje de Maciá a Madrid y Ledesma pasa diez días en la cárcel Modelo. El 25 de julio (1931) es suspendido el periódico no reanudando la publicación hasta el mes de octubre, en cuyo número, se anunciaba la próxima fundación de la organización política (J. O. N. S.). Las J. O. N. S., cuyo espíritu respondía a una profunda inquietud social y a una actitud Nacional Sindicalista, se fundaron el 30 de noviembre de 1931. Según su fundador, equivalían al «abandono de las tácticas de aproximación a los intentos subversivos de los anarcosindicalistas. Un afán de crear la propia doctrina. Quieren la unidad intangible de España. Postulan el respeto a la tradición religiosa. Llaman de modo preferente a las juventudes, no admitiendo en su seno sino a los españoles menores de cuarenta y cinco años. Manifiestan su incompatibilidad radical con el marxismo. Y representan una demanda imperiosa de revolución social-económica, a base de la sindicación obligatoria, la intervención nacional de la riqueza y la dignificación plena de los trabajadores». En abril de 1932, Ramiro Ledesma Ramos pronuncia una conferencia en el Ateneo sobre el tema Fascismo frente a marxismo, que no puede terminar por las protestas del público y que alcanza resonancia en la Prensa. El 10 de agosto de aquel año vuelve a ser detenido a consecuencia de los sucesos antirepublicanos, encarcelamiento que se volverá a repetir a fines de enero de 1933 para cumplir una condena de dos meses. Al salir de la cárcel participa en el consejo de Redacción del recién creado «El Fascio», semanario que dirigió Delgado Barreto, del que salió un solo número y en cuyo consejo de redacción participaron Giménez Caballero, Primo de Rivera, Ramiro Ledesma, Sánchez Mazas y Juan Aparicio. En abril se traslada a Portugal, donde se encuentra exiliado Onésimo Redondo y deciden fundar la revista «JONS» como órgano teórico de la organización y cuyo primer número salió a la calle en mayo de aquel mismo año. Tres meses después ingresó en el penal de Ocaña acusado de complot contra la República. Al ser puesto en libertad, en el mes de agosto, se dirigió a San Sebastián donde se entrevistó, por mediación de José María de Areilza, con los dirigentes falangistas Primo de Rivera, Ruiz de Alda y García Valdecasas. En el mes de octubre asiste al acto fundacional de la Falange en el teatro de la Comedia de Madrid y los días 11 y 12 de febrero reúne al Consejo Nacional Jonsista, con el fin de discutir una posible unificación con Falange. Una vez perfiladas y aceptadas las bases del acuerdo, éste fue firmado por los máximos dirigentes Ledesma Ramos y Primo de Rivera. Sin embargo, hubo discrepancias como la del prestigioso jonsista Montero Díaz que se apartó de la organización. La estructura jerárquica adoptada por la nueva Organización fue la de una junta de Mando Nacional, constituida por José Antonio Primo de Rivera, Ramiro Ledesma Ramos, Ruiz de Alda, Onésimo Redondo, Raimundo Fernández Cuesta y Rafael Sánchez Mazas.
Desde entonces ésta se llamó Falange Española y de las JONS y tuvo a la cabeza, hasta septiembre de 1934, un triunvirato dirigente formado por Ruiz de Alda, Primo de Rivera y Ledesma Ramos. Debido al resurgimiento de ciertas discrepancias, en el mes de septiembre, el triunvirato delegó sus funciones ejecutivas en Primo de Rivera, que convocó el primer Consejo Nacional de F. E. y de las JONS. En éste, y a propuesta de Sánchez Mazas, fue nombrado jefe Nacional José Antonio y Presidente de la junta política a Ledesma Ramos, que previamente había aceptado la jefatura de aquél. Poco después de la Revolución de octubre en Asturias y Cataluña, propuso que el partido, de acuerdo con jóvenes mandos del ejército, pasara a la acción armada. En la primera decena de noviembre redactó, por encargo de la junta, el Anteproyecto de los Estatutos que contenían los veintisiete puntos de la Falange, que serían retocados, para su aprobación definitiva, por Primo de Rivera. A finales de diciembre de 1934, el Partido está en crisis y la junta Política se reúne sin encontrar un remedio a la situación. Las JONS habían incorporado obreros a las filas de la Falange, pero aún estaba en plena elaboración la vertebración sindicalista, cuando se había llegado a la fusión de las dos fuerzas. Manuel Hedilla había creado la primera y muy limitada organización sindical de la Falange. El rompimiento entre José Antonio y Ramiro Ledesma fue más por la presencia en la Falange de dos tendencias extremas en los escalones de mando inmediatamente a ellos, que por una intransigencia personal de ambos. Efectivamente estas tendencias se manifestaban por una parte, entre elementos procedentes de las JONS que veían en los falangistas hombres más preparados intelectualmente pero que les producían reservas en cuanto a su capacidad revolucionaria, procedentes como eran de capas burguesas y acomodadas. Recelaban a su vez los falangistas de los jonsistas, que al ser en su mayoría de origen obrero podrían proletarizar en extremo peligroso a la Falange y especialmente por la presencia, de entre aquellos, exmilitantes de la izquierda que pretendían conservar modos y tácticas troskistas.
A la salida de la reunión decide, junto con Onésimo Redondo, Sotomayor y Manuel Mateo, separar a las fuerzas jonsistas del partido; escisión que se llevó a efecto en enero de 1935. Ledesma intentó recrear las JONS, mas nunca logró tener un número suficiente de miembros para hacerlas viables, mientras que por su parte la Falange aumentaba progresivamente sus filas. La nueva agrupación saca un nuevo semanario, «La Patria libre», que polemizará agriamente con Falange. En el mes de mayo publicó su libro Discurso a las juventudes de España y en noviembre del mismo año su obra Fascismo en España (sus orígenes, su desarrollo, sus hombres) (Ramiro Ledesma firmó este libro bajo el seudónimo de Roberto Lanza) en el que señala que «para ellos su escisión y rompimiento con Falange equivale, de hecho, a la liquidación definitiva de una concepción que les era preciso superar» y el libro termina con estas palabras: «A Ramiro Ledesma y a sus camaradas les viene mejor la camisa roja de Garibaldi que la camisa negra de Mussolini.» En mayo de 1936 visitó a José Antonio en la cárcel Modelo de Madrid y se ofreció a Falange para todo. En el mes de julio editó el primer y único número de la revista «Nuestra Revolución» y pocos días después del Alzamiento del 18 de julio, es detenido e ingresado en la prisión de Ventas, de donde fue sacado, junto con Ramiro de Maeztu, para ser fusilado en Aravaca el 29 de octubre de 1936. Le fue otorgado a título póstumo la Palma de Plata del Movimiento. Obras principales: Discurso a las juventudes de España, ¿Fascismo en España?, Escritos filosóficos, &c.» (Diccionario Biográfico Español Contemporáneo, Círculo de Amigos de la Historia, Madrid 1970, vol. 2, pág. 910-912.)
Sobre Ramiro Ledesma en el Proyecto filosofía en español:
Textos de Ramiro Ledesma en el Proyecto filosofía en español: